miércoles, 20 de julio de 2011

Imagen, retrato e identidad: de Fontcuberta a Eva y Franco Mattes

Hace algunos meses, Joan Fontcuberta presentó una publicación-exposición que recogía tres mil "reflectogramas", o autorretratos frente a un espejo, extraídos de diferentes páginas de internet.

El trabajo suscitó cierta controversia por los motivos más previsibles. Muchos criticaron la idea de que Fontcuberta utilizase las imágenes de los retratados sin consentimiento expreso de los mismos; otros pusieron en entredicho -para no variar- el carácter artístico de un proyecto que partía de un material tan ajeno al artista como aparentemente banal. A Fontcuberta ninguna de estas dos cosas pareció preocuparle demasiado: "[las fotografías utilizadas] ya son accesibles, el libro lo que hace es visualizarlas". Un argumento simple pero convincente... que debería haber dado más de sí en lo que a la distribución de la obra respecta.

En cualquier caso, lo que me interesa en esta ocasión es acercarme a algunas cuestiones que el artista catalán pone sobre la mesa con un proyecto que, creo, no ha recibido la atención que merecía. A nivel artístico, A través del espejo toca temas sustanciales, comenzando por una idea que el propio autor ha destacado más de una vez: "Los artistas están empezando a ser más prescriptores que ejecutores. Mi planteamiento no es que hagamos mas imágenes, sino dar sentido nuevo a las que existen".

Fontcuberta logra encontrar sentido en un torrente de imágenes que, observadas individualmente, no parecen decir nada. Su conjunto, sin embargo, configura un amplio acercamiento al género del retrato; un retrato colectivo y abierto, sin sujeto definido, mosaico de individualidades literalmente interconectadas; nunca un retrato generacional, ni uno de esos perfiles con que se aspira a describir al usuario medio de esta o aquella red social, es decir, al habitante de una comunidad determinada, ya que no parece que podamos encontrar una identidad común a todos los seleccionados.

Y esta es la clave, puesto que la obra funciona como reflexión sobre los modos en que millones de personas construyen su propia identidad a modo de (cambiante) interfaz de interacción con los demás. Es un paisaje de retratos o, rizando el rizo, el retrato de una determinada cultura de lo visual, una forma muy concreta de entender la superposición permanente de lo público y lo privado -también de lo propio y lo ajeno- en cuanto signo de nuestra época. Es, asimismo, una interrogación sobre el papel de la imagen en una sociedad de imágenes, en la que hemos aprendido a ver, decir y hacer a través del artificio inherente a toda representación.

En la selección de Fontcuberta esta cultura desemboca en dos extremos: lo narcisista y lo bufonesco. Dos realidades que convergen en un elemento de especial carga simbólica, el espejo, tradicionalmente asociado a la idea de verdad -por su capacidad para mostrar la realidad tal y como es- y, en consecuencia, a la idea de conocerse a uno mismo.

A los que critican la falta de profundidad de la obra, les recomendaría repasar este punto, la importancia de este espejo que define a quien posa frente a él. Fontcuberta nos enseña cómo se exhiben y cómo se ven los retratados mediante un sencillo proceso de descontextualización. En los espejos de estas fotografías vemos reflejadas las dos caras de una misma moneda: la (auto)proclamación de lo que uno pretende ser y su cuestionamiento, esto es, su caricatura. Por identificación o por rechazo, los retratados expresan su postura frente a un modelo común y revelan lo que son a través de lo que aparentan.

La omnipresencia de dispositivos capaces de capturar y reproducir imágenes y la circulación permanente de éstas define toda una serie de dinámicas y rasgos formales, una especie de lenguaje de escala global que utilizamos cotidiana y localmente.  Se hace evidente la tensión entre la necesidad de aferrarse a un factor diferencial y la imposibilidad de escapar de una lógica homogeneizadora... Algo que a menudo conduce a la celebración de una heterogeneidad impostada. ¿Qué mejor ejemplo de ello que los reality show? ¿Y qué reality mayor -y mejor- que las redes sociales?

***

Sin necesidad de traspasar los límites de la representación, Fontcuberta se mueve muy bien en ese terreno de las apariencias, de la imagen como frontera imprecisa entre los conceptos (difusos) de realidad y ficción.

A Eva y Franco Mattes también les interesa esa fricción entre lo real y lo ficticio, así como el concepto de identidad, piedra angular de su obra, y la propia fotografía... a su manera, claro.  En su caso, sin embargo, la representación no es el límite, sino el punto de partida.

El pasado 9 de junio inauguraron una exposición, bajo el sugerente título de LIES Inc., en la Site Gallery de Sheffield. Entre las piezas exhibidas, una llama especialmente mi atención: se llama The Others y se compone de 10.000 fotografías extraídas de diferentes ordenadores personales.

El juego es el mismo, pero cambian las reglas: ya no se trata de seleccionar entre imágenes previamente publicadas, sino de tomar aquellas que, deliberadamente, se han mantenido ocultas en la privacidad (siempre parcial) de un disco duro privado. Esta operación supone una vuelta de tuerca más en la lógica planteada por Foncuberta. Las fotografías ya no responden necesariamente a aquello que sus autores pretenden mostrar de sí mismos: The Others pone al descubierto lo que el pudor o la disconformidad acostumbran a mantener en segundo plano.

Ya no hablamos del escaparate, sino de la trastienda. El material aquí empleado no ha sido sometido a un trabajo de selección ni obedece a la intención de fabricar una determinada identidad -aunque a buen seguro atestigüe diversos borradores y tentativas. No nos enfrentamos, por tanto, a productos acabados, que de una u otra forma se asemejan a modelos preestablecidos, sino a la suma de contradicciones y matices que proyectan, más que una identidad (pretendidamente) estable y asertiva, una identidad voluble y dubitativa.

Sí, es cierto que no podemos estar seguros de que las fotografías hayan sido efectivamente "robadas", pero eso no disminuye la capacidad de sugestión de la obra ni el hecho de que nos sintamos como auténticos voyeurs mientras las observamos (tal vez porque nos dicen más sobre nosotros que sobre sí mismas). Si el trabajo de Fontcuberta nos interroga acerca de las divisiones realidad/apariencia y público/privado -con más efectividad que sus clásicos fakes, por cierto-, el de Eva y Franco Mattes elimina, de manera literal, toda posibilidad de establecer escisiones efectivas entre estos espacios, que moldea a su antojo.

Recuperar la visibilidad de lo que, a fuerza de ser evidente, se ha vuelto invisible y exhibir lo que, siendo invisible, se ha vuelto evidente. Dos estrategias diferentes, pero complementarias; dos formas de entender, representar e incidir en un espacio visual contemporáneo que ya no aspira a las certezas, sino a las múltiples incertidumbres del reflejo.

viernes, 15 de julio de 2011

Jörg Piringer

Taken as a whole, piringer’s work takes the basic premises of the concrete poem (an example by Eugen Gomringer to the right) into the nth-dimension, which is to say far from the page and into any media available today and to come. He has realized more than anyone the potential for poetry, once free of the basic print/publish dynamic, to occupy any number of channels of communication, especially as they’ve proliferated since the mid-20th century. Eugen Gomringer’s term for what he believed concrete or visual poetry should be was “constellation,” a playful object which would give the poem an “organic function in society again.” While concrete poetry itself, when confined to the page, sometimes seemed rather mute and trivial compared to, say, the grand structures of Paradise Lost or “The Waste Land,” piringer’s work has acquired a scope that earlier concretists could only envy.
Third Hand Plays: “Repeat After Me” by joerg piringer, en OpenSpace.

Más sobre Piringer, aquí.



miércoles, 29 de junio de 2011

Las comparaciones son odiosas

<<Los derechos de autor deben ser una herramienta que favorezca que los creadores y otros profesionales de la cultura puedan vivir dignamente de su trabajo al tiempo que se facilita el acceso y se promueve la creatividad. Por otra parte, cierta "cultura de la gratuidad" de los productos culturales puede llevar asociada su desvalorización y la dificultad para desarrollar la propia creación y producción cultural, queremos llamar la atención sobre la amenaza de desvalorización de la cultura>>.
<<El diálogo intercultural, la permeabilidad o la hibridación pueden resultar de gran riqueza para nuestro desarrollo cultural. Pero deberemos asegurar que esas relaciones operen como intercambios, como préstamos que añaden valor, y no como contactos que reducen nuestra riqueza cultural y su valor para la ciudadanía. [...] La cultura propia opera como una estrategia para que nuestros puntos de vista peculiares y nuestros intereses -no tanto en el sentido intelectual como en el material- sean tenidos en cuenta en el mundo global. Singularizar y difundir la marca cultura gallega es un activo estimable para toda la sociedad gallega, un valor añadido del que disponemos como país>>.
<<Esta es la situación que corresponde a una sociedad de masas fuertemente terciarizada, en la que las actividades de intermediación cultural son esenciales para garantizar la cohesión social, reforzar la identidad colectiva y proyectar una imagen específica hacia el exterior>>
<<Las administraciones públicas y el conjunto de la sociedad deben apreciar la cultura en cuanto sector económico con un tamaño importante en términos de empleo, contribución al PIB y generación de valor añadido, por lo que debe disponer de un trato equivalente a otros sectores económicos>>.
Reflexión estratéxica sobre a cultura galega. Consello da Cultura Galega, 2011.*

<<Pensar en la economía de la cultura como los beneficios obtenidos por la explotación de los derechos de autor conduce a una concepción miope tanto de la cultura como de la economía. [...] Es necesario ser conscientes de la pluralidad de valores que pueden emerger de la cultura y pensar en modelos de producción capaces de potenciar este hecho>>.
<<...estimamos oportuno preguntarnos si la construcción de la identidad nacional a través de la cultura no es también un argumento instrumental>>.

<<... argumentaremos que las industrias creativo-culturales tienden a exacerbar los desequilibrios al concurrir en dinámicas propias del mercado y que es necesario replantear la asunción de que el crecimiento económico implica de forma directa un desarrollo en lo social y lo cultural>>
<<... de forma creciente las políticas que regulan la cultura no son políticas culturales sino políticas económicas. La cultura, desde una óptica neoliberal, se valora por su capacidad de producir beneficios económicos. [...] Esta situación favorece que en ocasiones los objetivos económicos y los culturales se confundan, que políticas diseñadas con fines económicos terminen por legislar la cultura y que sean intereses ajenos a la cultura los que dicten tendencias, normas y formas de funcionamiento>>
Nuevas economías de la cultura. Parte 1. Tensiones entre lo económico y lo cultural en las industrias creativas. YProductions, 2011.

* Las negritas son mías.

lunes, 27 de junio de 2011

Burocultura

Hemos dedicado más de una entrada en el blog a señalar las contradicciones inherentes al concepto de industria cultural, recordando los perjuicios derivados tanto de su comprensión economicista de la cultura como de su incapacidad para promover y poner en valor las expresiones culturales ajenas a la lógica de distribución mercantil-mass-mediática.

Sería bueno, no obstante, completar estas ideas con el análisis de una realidad menos discutida pero igualmente problemática. Me refiero a la necesidad de evaluar el trabajo desarrollado por las entidades culturales públicas en todas sus formas.

Desde hace décadas, uno de los grandes caballos de batalla del sector cultural es la creación y consolidación de estructuras total o parcialmente financiadas con dinero público, pero (teóricamente) independientes del poder político. Una reivindicación que puede ser resumida en una palabra: autonomía.

El problema es que la autonomía no es buena per se. Es una condición, no una garantía, y no sirve de mucho cuando se dedica a la perpetuación de ciertos vicios como la endogamia o el clientelismo.  Es necesario disponer mecanismos de gestión y control adecuados para materializar en proyectos tangibles las promesas redentoras que atiborran los discursos sobre la emancipación de la esfera cultural. Y son necesarios un objetivo y un modelo (necesariamente políticos). Porque de lo que se trata es de evitar que las fuentes de financiación determinen las decisiones, y esto es algo mucho más fácil de decir que de hacer.

En la actualidad, sin embargo, un estado permanente de indecisión en torno a la gestión cultural y una variopinta nómina de organismos autonómicos dibujan un panorama complejo en nuestro país, una acumulación de apuestas contradictorias cuyo único denominador común es la identificación de la cultura con su visibilidad institucional. En cierto modo, se podría decir que nos movemos en un régimen burocultural, que establece qué debemos y qué no debemos considerar cultura, cómo podemos distribuirla y quién y cómo puede acceder a ella.

Este régimen habla a través de las diferentes instituciones culturales, públicas o privadas, que se estructuran en torno a un mensaje dogmático: nosotros somos la cultura. En función del contexto pueden existir diferentes interpretaciones sobre aquello que tiene cabida en este nosotros, pero nunca sobre el contenido último del mensaje, que convierte la cultura en una suerte de adecuación formal a las pautas establecidas por ciertas estructuras de legitimación.

La burocultura entiende las instituciones no como entidades destinadas a trabajar en el multiforme ámbito de lo cultural, sino como lo cultural en sí mismo. Y éstas, convertidas en fines, terminan por dedicar más recursos y tiempo a desarrollar políticas de expansión y autoconservación que a atender necesidades culturales reales, porque el foco se desplaza desde la creación y el patrimonio hacia un buen número de intermediarios que programan para sí mismos.

Así se entiende que algunos agentes culturales se preocupen más de seguir siendo requeridos por diferentes equipamientos culturales que de favorecer la distribución y el acceso a la cultura. Así se entiende, también, la rapidez con que se montan y desmontan departamentos y comités dedicados a supervisar líneas de actuación que naufragan en un mar de generalidades antes de ser llevadas a cabo.

"Para qué concretar", pensarán, cuando lo importante, la cultura, se identifica con una suma de reglamentaciones, procedimientos e informes. Muchas instituciones dedican más tiempo a celebrar jornadas y congresos que analizan sus propias carencias que a corregirlas; y no pocas solicitan más recursos para ampliar sus infraestructuras y plantillas que para traducir sus investigaciones en programas concretos. Por si fuera poco, cuando cuando consiguen concretarlas nadie se entera, porque tienen notorias dificultades de comunicación. Todo nace y muere en esa jaula de hierro burocrática ajena a la realidad.

En Galicia sufrimos claramente las consecuencias de esta lógica burocultural. La evidencia más reciente de ello es que, en vez de localizar, poner en valor y difundir los innumerables puntos de creación cultural y riqueza patrimonial existentes, se haya optado por construir, en medio de ninguna parte, una Ciudad de la Cultura. Una ciudad que ni es ciudad ni tiene cultura, sino que es, más bien, un nuevo centro de peregrinación constituido en torno al antedicho dogma: yo soy la cultura. De nuevo, la parte por el todo, y los ciudadanos (productores culturales, no olvidemos) obligados a ir a su encuentro.

Irónicamente, quienes se acerquen hasta el faraónico complejo del Gaiás durante las próximas semanas podrán disfrutar de una exposición que es, también, una sugerente metáfora: Typewriter. Se trata de un acercamiento al olvidado mundo de la máquina de escribir -objeto de culto del siglo XIX- desde nuestro digitalizado siglo XXI. Un viaje al pasado, como lo es la visita a esta mole arquitectónica que, sin estar todavía acabada, es ya, por su visión miope y reduccionista de la cultura, plenamente decimonónica.

lunes, 20 de junio de 2011

(Re)pensando la estética relacional

... La “relacionalidad” del movimiento [15m] sucede al nivel de la forma, pero también a un nivel mucho más profundo, el de la relación, la creación de comunidad y pensamiento en torno a una forma que propicia el encuentro y la reunión. En este sentido, las acampadas han constituido el mejor ejemplo de estética relacional. Después de lo que hemos visto este mes, difícilmente podremos volver a clase y explicar la obra de Tiravanija, Hirschhorn, Orozco o cualquier otro artista del canon relacional sin ruborizarnos y dar cuenta de su esterilidad en el mundo real. Y es que lo que ha sucedido deja a los artistas a la altura del betún, y nos hace ver el discurso pseudopolítico del cierto arte avanzado como lo que realmente es, mera pose, puro discurso vacío.

En las calles y en las plazas hemos visto realmente formas de relación. Esto sido el verdadero triunfo de la estética relacional. Y no la deriva bienalista institucionalizada del arte contemporáneo...

Miguel A. Hernández-Navarro, en Visualizar la revolución: baja fidelidad y estéticas relacionales

jueves, 16 de junio de 2011

Más allá del museo como archivo

Domenico Quaranta: ¿Por qué 'unreliable' [poco fiable]? ¿Consideras que hay un método fiable para archivar una obra de net art?

Jon Ippolito: ¡Jaja! No, tienes razón. La palabra "archivo" deriva de la palabra griega "casa de gobierno" -misma raíz que monarquía- y su naturaleza controladora, centralizada, se muestra cada vez menos fiable a la hora de preservar la cultura digital. Sin embargo, estoy trabajando con algunos colaboradores en un modelo completamente distribuido para documentar arte digital y crítica.
[...]

El net art no necesita a los museos actuales. Necesita aquello en lo que los museos se convertirán si superan el reto de adaptarse a las necesidades de una cultura cada vez más conectada.
[...]

Creemos que, en la actualidad, el trabajo más creativo proviene de los laboratorios científicos y el activismo online y que, por el contrario, muchas de las obras de las galerías -pinturas, esculturas, instalaciones- no responden a las tareas que el arte debe acometer en el siglo XXI. Seguro que el libro* cabrea a los comisarios que asumen que Duchamp otorgó a los guardianes del cubo blanco el poder para definir el arte. Pero si Duchamp pudiese reencarnarse, como tú sugieres, me gusta pensar que se echaría unas buenas risas a su costa.

Extracto de la entrevista que Domenico Quaranta realizó a Jon Ippolito allá por 2005. No ha perdido vigencia, como se puede ver. Aparece recogida en In your computer, una selección de textos del propio Quaranta, recientemente publicada, que puedes descargar o comprar aquí.

* El libro al que se refiere Ippolito es At the Edge of Art.

martes, 14 de junio de 2011

De insiders y outsiders

En una reciente entrevista, Dora García rechazó cualquier posible afinidad entre su proyecto para la actual Bienal de Venecia y el que Santiago Sierra presentó, hace ya ocho años, en el mismo escenario: "Aquella era la obra de un insider. Yo hago arte outsider"*. Una declaración demasiado contundente como para no resultar controvertida... Sobre todo cuando compartes espacio, juego y reglas.

En un contexto de hipervisibilidad mediática, la dicotomía insider / outsider tiene algo de rancia. No porque ya no tenga sentido plantear la posibilidad de existir más allá de la legitimidad institucional, sino porque hacerlo en estos términos supone entregarse a un ingenuo maniqueísmo.

Hay demasiados vectores e infinitos puntos de encuentro. La institución ha asimilado casi todas las estrategias y la resistencia (no su resistencia, claro) debe moverse en sus límites. Cultivar lo ambiguo, en detrimento de ese blanco fácil que es lo evidente; escapar -parafraseando al último Foucault- de la disyuntiva 'afuera-adentro', para colocarse en las fronteras.

El siguiente vídeo cuenta la historia de Ztohoven, colectivo artístico que alcanzó notoriedad internacional en 2007 tras conseguir "colar" una explosión nuclear en un programa meteorológico de la televisión checa. La acción reportó a sus miembros, casi simultáneamente, una demanda judicial, una sanción... y un importante premio otorgado por la Galería Nacional Checa.




Las declaraciones del director de esta institución (minuto 35) evidencian la facilidad con que el establishment metaboliza la crítica hasta rentabilizarla: "lo que hemos hecho legitima no sólo al grupo Ztohoven, sino al premio NG 333 y a la Galería Nacional". Imposible decir más con menos.

La cuestión no es, por tanto, estar a uno u otro lado de una hipotética barrera; sino ser capaces de establecer espacios de discontinuidad en los discursos hegemónicos, que contienen su contrario y su crítica, en tanto que tales, además de una amplia nómina de alternancias y heterogeneidades impostadas.

Nadie dijo que fuera una tarea fácil.

* EDITO: Según indica la propia Dora García en los comentarios y por e-mail, la frase que El País le atribuye y que cito en el primer párrafo de esta entrada es incorrecta. Lamento haber iniciado el post basándome en lo que parece ser un ejercicio de ficción periodística, aunque me alegra, en cierto modo, saber que la afirmación no procede de la artista.

Lo peor es que, por lo visto, no se trata de la única tergiversación de la entrevista; ni del único medio que ha "adaptado" las declaraciones de Dora García a su antojo. Es curioso pero, en este contexto, la acción de Ztohoven a propósito de la manipulación mediática está mejor traída que nunca...