Antes o después tenía que hablar de la ya archiconocida cabecera que Banksy ha realizado para Los Simpsons (un conato de crítica a la explotación laboral, para los despistados). Transcurridos algunos días desde su emisión, se puede comprobar que su incidencia real, más allá de la locura tuitera del momento, ha sido escasa. Que el vídeo haya estado en boca de todos sólo ha revelado su incapacidad crítica. La jugada publicitaria de la FOX ha sido perfecta.
Guadalupe Ruiz Fajardo, Profesora de la Universidad de Columbia, lo ha definido de una manera elocuente: "es tal la inutilidad de las artes para hacer algo en contra del poder que el mismo poder ha terminado por darse cuenta de que es más fácil dejar decir que censurar. La cabecera de Banksy no va hacer [...] que los espectadores dejen de ver Los Simpsons". En esa línea se movía una entrada recién publicada en Apolorama: "la fuerza que pretendía tener la introducción se anula: es absorbida y normalizada [...] De repente, la explotación monstruosa [...] se convierte en algo aprobado, que se consume ligeramente, sin consecuencias".
Me permito algunos comentarios al respecto:
1. Cuando el arte aboga por una vía de activismo y crítica política debe subvertir -o al menos abandonar- los modos de narración, representación y difusión de su propia institución y del mercado. Todo aquello que se inscribe de manera legítima en este contexto sólo puede aspirar a ser, en el mejor de los casos, crítica teatralizada. La amplificación mediática se deriva siempre de un mayor o menor grado de sumisión formal por parte del autor, y se traduce en una desvalorización del contenido crítico; la masificación comporta necesariamente banalización: iconizar es mercantilizar.
Hay que buscar las fisuras, moverse en los márgenes, allí donde la expresión no está regulada por las pretensiones del mercado; no hay que temer la pequeña escala, mucho más efectiva, sincera y transparente. Es un problema de perspectiva, no de inutilidad de las artes.
2. La red no siempre es sinónimo de comunicación. Las millones de visualizaciones del vídeo de Banksy han generado más eco que diálogo. Se constata la primacía del consumo pasivo; las opiniones mayoritarias en la blogosfera revisten un carácter ilusorio, representando a un colectivo minoritario y específico. Cuando se logra obtener una respuesta masiva, ésta se vincula a la opinión (o a la acción estéril, tipo ataques DDOS). La vía de actuación más productiva ("si no estás de acuerdo con algo, no lo consumas") es ignorada sistemáticamente.
3. Banksy dejó de tener sentido en el mismo momento en que todos empezamos a hablar de él y lo introdujimos en el ámbito institucional, es decir, desde que lo convertimos en trademark. No se puede combatir el fuego con fuego.
4. Por La sociedad del espectáculo no pasan los años, tristemente.
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martes, 19 de octubre de 2010
domingo, 10 de octubre de 2010
Pan y circo
Ayer se publicó la segunda parte de la interesante entrevista que Antonio Ortiz ha realizado a David del Val, Director de Desarrollo de Nuevos Productos y Servicios de Telefónica I+D, para Xataka.
A mí me ha llamado la atención una parte en concreto:
- Xataka: De hecho la tele tiene una experiencia de usuario muy difícil de mejorar: te “repanchingas” en el sofá, “pulsas” y ya está funcionando. Dudo mucho que la gente quiera un ordenador conectado a la tele.
David del Val: A veces digo que la televisión del futuro es peor que la del presente. La de ahora tiene dos ventajas: te echan lo que quieren y no tienes que pensar y que es social, se ve en familia. En la del futuro ¿buscar todo el rato para ver clips de 10 segundos en youtube? (risas, lo explica bromeando) y todavía no es social. El que consiga hacer la tele del futuro tan buena como la del presente, ese se va a forrar.
Dudo que lo que haga falta sea un buscador, lo que hace falta es un “curator”, alguien que te recomienda y haga el trabajo por ti. Hasta ahora ese rol es el de las cadenas, pero con todo el contenido de internet se puede hacer personalizado. Hacer eso bien no está solucionado bien técnicamente, quien lo haga tendrá la tele del futuro tan buena como la del presente.
Pero profundicemos, por un momento, en una idea clave: "te echan lo que quieren y no tienes que pensar" [...] "lo que hace falta es un curator, alguien que te recomienda y haga el trabajo por ti".
Desde un punto de vista empresarial, el razonamiento es impecable y se reduce a esto: consumo rápido, fácil y dirigido. Nada que objetar.
Desde un punto de vista cultural, por el contrario, el razonamiento es terrible y se expresa de esta otra forma: en la era de la información, tú, como usuario, dispones de la capacidad de producir y distribuir contenidos y de generar espacios de comunicación ajenos a la lógica del mercado; pero te resultará infinitamente más cómodo regresar al papel de espectador, al liviano consumo de lo que otros han dispuesto para ti.
Y, en la intersección de estas dos perspectivas, nosotros, los usuarios, que todavía y a pesar de todo tenemos la posibilidad de definir los nuevos modelos de comunicación: nos asiste, al menos, el derecho a (la responsabilidad de) no consumir lo que no nos gusta. Ésa es nuestra capacidad de influir en el mercado, porque -a pesar de lo que algunos piensan- el fin último de las empresas es el lucro, no el adoctrinamiento, y de buena gana nos ofrecerán aquello que demandemos.
Nos corresponde decidir, optar por implicarnos directa y activamente en la producción y transmisión de la información o contentarnos, desde la pasividad y la complacencia, con fuegos de artificio; pan y circo. Lo fácil es encender la tele y criticar la programación. El reto está en proponer y hacer posibles otras vías.
Etiquetas:
cultura,
producción y consumo,
sociedad del espectáculo,
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