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viernes, 3 de diciembre de 2010

A propósito de Wikileaks

Sin demasiadas pretensiones, aquí van algunas reflexiones acerca de lo que ha ocurrido durante los últimos días con el cablegate:

1. Resulta increíble que haya gente que cuestione la publicación de las filtraciones desde un punto de vista "ético". Estamos hablando de crímenes de guerra, prevaricación, vulneración de los derechos humanos... Lo inmoral sería ocultar y consentir tanta mezquindad.

2. Muchos han querido ver en los logros de Wikileaks la confirmación de la incapacidad de los "medios tradicionales" para publicar algo que no sea propaganda. Creo que es un error de perspectiva. El problema de los medios de comunicación no es su incapacidad, sino su voluntad. O te dedicas a informar o te decantas por hacer caja; por lo general, no es factible conciliar estos dos propósitos cuando hablamos de grandes corporaciones cuyo negocio depende, en cierto modo, de su habilidad a la hora de cobijar al poder político.

3. En relación con lo anterior, surge una pregunta que, en palabras de Javier Moreno, "roza la metafísica": ¿son periodismo las filtraciones de Wikileaks? Lo importante no es entender este proceso en función de una determinada -e interesada- noción del periodismo, sino comprender algo que barruntamos desde hace tiempo: que éste debe adaptarse a un nuevo escenario en el que el tratamiento de la información se descentraliza y permeabiliza. Hablamos de mainstream media y grassroots media como formas de comunicación complementarias, no excluyentes. Puede que los grandes medios sean reacios a sacar a la luz ciertas cuestiones pero, de momento, su poder de amplificación es indudable una vez que éstas se hacen públicas. Wikileaks, funcionando como plataforma, contribuye a fragmentar el proceso informativo; deberíamos aspirar a que la información se produjese y divulgase en redes distribuidas.

4. En cualquier caso, la gestión de los documentos filtrados revela una buena cantidad de viejos vicios massmediáticos. El orden de publicación de los cables es ciertamente cuestionable (a estas alturas, seguimos esperando por los referentes a la Ley Sinde con impaciencia), mientras que el tratamiento sensacionalista y circense de buena parte de los mismos produce vergüenza ajena. Algunas portadas han estado más cerca de Salsa Rosa que de cualquier otra cosa.

5. La ingenuidad que denotan ciertas reacciones ante las noticias reveladas es preocupante. Hay quien se escandaliza al conocer prácticas o conductas insultantemente habituales (¿se supone que deberían sorprendernos el espionaje internacional, la corrupción en las altas esferas del poder o la conexión entre la mafia y el gobierno rusos?) Sin embargo, Pepe Cervera tiene razón cuando afirma que no es lo mismo 'saber' que todos los políticos son corruptos o que todos los gobiernos mienten que tener la prueba fehaciente de ello. Lo preocupante, de nuevo, es el enfoque de los medios, que siguen publicando los diferentes "hallazgos" como si de casos aislados se tratase, cuando lo que ha quedado en evidencia es el funcionamiento del estado de derecho como tal. El que las pruebas de los delitos se estén recibiendo con cierta tranquilidad es un síntoma más de la maltrecha salud de las democracias occidentales y de la pasividad general de sus electores.

6. Parece obvio que esto es solo la punta del iceberg. Para la mayoría de gobiernos sería maravilloso que creyésemos que están siendo desvelados grandes secretos de estado cuando prácticamente no hemos visto nada... Lo importante ahora es luchar por preservar el escenario en que ha sido posible, al menos, abrir una fisura en los complejos mecanismos de control y manipulación de los aparatos gubernamentales. Creo que, en lo que a Wikileaks se refiere, la forma es incluso más importante que el fondo.

viernes, 8 de octubre de 2010

Una acción contraproducente

Lo he intentado, pero no hablar del ataque DDOS a las webs de la SGAE y el Ministerio de Cultura me ha resultado absolutamente imposible.

Obviemos las cuestiones técnicas, detalladas en el enlace superior o en este otro. El debate se centra en dirimir la legitimidad de la acción y en saber si este tipo de ciberprotestas son la opción más adecuada para que los ciudadanos manifiesten su disconformidad con la actuación de diferentes organizaciones públicas o privadas.

Son muchos quienes defienden la conveniencia de estas prácticas, empezando por Enrique Dans, referencia en estas lides. Mi opinión, sin embargo, es que el análisis de Antonio Ortiz es mucho más interesante, y tristemente más certero: este tipo de ataques beneficia, única y exclusivamente, a aquellos grupos y lobbies que presionan para introducir legislaciones restrictivas en el ciberespacio, esto es, para controlar Internet en el sentido más amplio -y temible- de la expresión.

Mucho ruido y pocas nueces, pues. Seamos sinceros, se ha generado una expectación mediática desproporcionada, para nada acorde con el alcance de una acción que no menoscabará las ambiciones de la SGAE, que no aumentará su descrédito y que no evitará que se siga avanzando en la aprobación de medidas que socavarán la libertad y la neutralidad de la red.

Lawrence Lessig, "padre" de Creative Commons, comprendió esto con claridad en su célebre El código 2.0, en el que ya alertaba sobre el interés del poder público y privado en disponer de argumentos para aprobar una regulación severa de la red y, en consecuencia, cercenar la libertad de expresión y el derecho a la privacidad.

Mitificar la capacidad de la red para generar actitudes de oposición a los designios de los grandes poderes es, a largo plazo, contraproducente. Llevamos años amaneciendo con titulares acerca del hackeo webs de servicios de inteligencia y gobiernos de todo el mundo. En muchas ocasiones, se atribuye la autoría de estas acciones a jóvenes que actúan de manera aislada; es entonces cuando nuestro amor por la épica sale a relucir, y creemos vislumbrar los poderes salvíficos de Internet al otro lado de estas hazañas. No obstante, la vieja concepción de Critical Art Ensemble de la desobediencia civil electrónica sigue pareciendo más lúcida; y las acciones que tienen más repercusión a nivel mediático que a nivel estructural siguen siendo, en gran medida, humo.

No quiero que ser malinterpretado. Es extraordinariamente importante que exista un espacio público como tal, un escenario de debate, de disensión, de actuación; es fundamental la intervención ciudadana, independientemente de su signo, y apostar por generar una cultura y unas estructuras verdaderamente democráticas, en las que la defensa de la libertad de expresión y la oposición a los intereses de aquellos que pretendan transgredirlas sean prioritarias. Internet es un escenario privilegiado para construir este escenario, como lo es para favorecer el acceso a los procomunes, pero es importante acertar con la tecla, saber en qué dirección apuntar para no convertir buenas intenciones en acciones contraproducentes y destructivas. Canalizando adecuadamente la ingente cantidad de creatividad que circula por la red, (casi) todo es posible. Hay muchas otras formas de hacer las cosas.