Mostrando entradas con la etiqueta new media art. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta new media art. Mostrar todas las entradas

jueves, 23 de febrero de 2012

Falta de criterio y paranoia cómplice

Ante el acelerado desarrollo de las tecnologías de la información, el surgimiento de nuevas prácticas sociales y la redefinición de las relaciones entre productores y consumidores, Guattari habló de una inevitable "transición desde la era consensualista de los mass-media a una era disensual postmedia", proponiendo una línea de trabajo que en los últimos años ha sido ampliamente desarrollada, en relación con las nuevas formas de concebir la creación, el espacio público y la política, y a través de conceptos como conocimiento distribuido, inteligencia colectivaestructuras horizontales o código abierto.

Con recursos relativamente modestos, hoy tenemos acceso a más y mejor información de la que podíamos siquiera imaginar hace apenas un par de décadas y disponemos de múltiples mecanismos para filtrarla y contrastarla individual o colectivamente. No dependemos de la sanción institucional ni estamos a merced de la manipulación mediática, porque podemos consultar tanto las fuentes que citan como las que marginan deliberadamente en sus relatos. Las condiciones son realmente propicias para la conformación de una verdadera esfera pública crítica, de espacios de cuestionamiento del pensamiento establecido, y sin embargo parece que naufragamos, reiteradamente, en la anemia discursiva.

Nadie puede negar que la nuestra sigue siendo una era esencialmente consensual. El enfrentamiento, cuando no es partidista e interesado, es mera dramatización: o bien responde a la necesidad de sostener una polaridad política o económicamente rentable (véase el esperpéntico teatrillo de los partidos de derecha y de izquierda en el nuestro y otros estados cercanos) o bien a luchas de poder en torno a objetivos comunes (entre empresarios, políticos, altos mandos privados o públicos...). De la ideología y las argumentaciones racionales no queda ni el recuerdo.

A esta dolencia, en su vertiente estrictamente política y en el ámbito español, muchos la llaman cultura de la transición, pero es fácil identificarla respondiendo a otras causas en otros contextos. En Web Aesthetics: How Digital Media Affect Culture and Society, Vito Campanelli critica lo que define como disensión ritualizada -el conjunto de fórmulas expresivas que permiten matizar sin rebatir la producción u opinión ajenas- antes de hablar de lo que Lovink, en relación con los grandes festivales de new media como Transmediale y Ars Electronica, denomina cultura tribal de consenso, y de la paranoia cómplice que, a propósito del mundo del arte, describe Baudrillard:
"Después de pasar varios días en uno de los grandes festivales europeos de arte y cultura digital, tuve la impresión de que se trataba de una comunidad en la que la amistad y los buenos modos eran norma. Risas, apretones de manos y palmaditas en la espalda dominaban una atmósfera despreocupada, en la que los participantes estaban a salvo de corrientes amenazantes [...] Esta es una escena que elude constantemente la posibilidad del juicio crítico, dejando espacio únicamente para un partage à l'amiable, ément convival, de la nullité"
Asumir que existe un (tácito) consenso corporativista es duro, pero hay un hecho aun más difícil de digerir: la falta de criterio. No hablamos sólo del arte contemporáneo, ni de la retórica digital, ni de la vida política; seguimos atrapados, a todos los niveles, en la estrechez discursiva massmediática, incluso en nuevos escenarios, como Twitter, en los que confundimos a menudo comunicar en 140 con pensar en 140. Una confusión que en el día a día genera más tics que estridencias pero que la menor piedra informativa deja al descubierto, evidenciando que alguno no conoce ni la naturaleza privada ni la política de control de contenidos de la red social que lleva años utilizando diariamente. Nos cuesta ir más allá del titular, del comentario del tuit al artículo que enlaza, de la primera página... Nos obsesiona tener razón, pero lo importante es tener argumentos en lugar de adherirse a uno de los polos del debate -siempre maniqueo- para repetir hasta la saciedad tópicos y frases hechas.

En este punto, no obstante, suele alzarse la madre de todas las falacias: que cada uno tiene su opinión y que todas son igual de válidas (entre esto y el reductio ad hitlerum cualquier discusión queda reducida a cenizas a las primeras de cambio). Una de dos: o no hay opinión sin criterio o podemos hablar de opiniones no documentadas e irracionales.

En el mundo del arte -en el de las Humanidades, en general, y muy especialmente en los circuitos académicos- la paranoia cómplice se ha convertido en cáncer. Con eso de que no hay números, cada uno opina de lo que le place como tiene a bien y los demás -salvo enfrentamiento personal- callan esperando recibir el mismo trato. Ni siquiera los errores de bulto pasan factura. En Italia, por ejemplo, acaban de advertir que una talla de madera recientemente descubierta no es obra, como pensaban, de Miguel Ángel. "Sorprendentemente", con anterioridad varios expertos se habían cansado de predicar su excelencia y ratificar la falsa atribución. El problema no es que errasen, sino que juzgasen gratuitamente y sin esgrimir razón alguna.

No faltan, tampoco, casos cercanos. A los gallegos, sin ir más lejos, nos vendieron como imprescindible una colección de piezas de "dudosa" calidad echando mano de imaginativas atribuciones de autoría a Mantegna, Miguel Ángel, Tiziano, Tintoretto, Caravaggio y otros nombres de primera fila. Algunos alertaron del despropósito sin hacer ruido, pero de la credibilidad de los responsables del invento no queda ni rastro.

¿Y la "Gioconda del Prado"? De bagatela a estrella en quince minutos. Que los aficionados puedan cegarse con el mito, como cuando se arremolinan ante la Gioconda -del Louvre- ninguneando la cercana Virgen de las Rocas, pase, pero la pasión por el hype de los conservadores sólo puede explicarla la imparable mercantilización de la institución museística. "La pintura -me decía hace unos días un artista en un contexto muy diferente- tiene que sostenerse por sí misma, no por su autor ni por quien la exhibe". La suya es una especie en peligro de extinción, claro: habla de lo que ve, no de lo que se espera que vea.

Acertar o equivocarse, en suma, pero con criterio. El juicio crítico como alternativa al espectáculo, los galones, el pedigrí y el fetichismo; como primer paso para erradicar esa cultura de palmaditas en la espalda y felicitaciones indiscriminadas a los colegas.

viernes, 5 de agosto de 2011

La condición postmedia (I)

En su Ética a Nicómaco, Aristóteles (384-322 a. C.), hijo de un médico macedonio y profesor de Alejandro Magno, distingue notoriamente entre tecné (habilidad práctica, arte) y epistemé (conocimiento científico, saber). A las diferentes formas del saber pertenecían la Retórica, la Aritmética, la Geometría, la Astronomía, la Dialéctica, la Gramática y la Teoría Musical, destinadas a la comunidad de los hombres libres. El conocimiento práctico era para los siervos, los asalariados, los artesanos (tecnites o banausos).
[...]
Los romanos se remontaron a la diferenciación aristotélica, aunque con una desviación significativa. Ya no distinguían entre formas de saber y destrezas, entre conocimiento y pericia, entre expertos y artesanos, sino que transfirieron la diferenciación aristotélica al propio concepto de arte. A la diferenciación entre epistemé y tecné sigue la diferenciación entre artes liberales y artes mechanicae (mecánicas).
[...]
En un principio la diferencia entre artes liberales y artes mechanicae se basaba en la aceptación de que las primeras suponían una actividad intelectual y las segundas una actividad física. Hoy la separación es la siguiente: intuición y mano del artista a frente a arte creado por cálculo digital y producción mecánica. El desprecio por lo mecánico y los media ocupa el lugar que antes ocupaba el desprecio por trabajo manual. 
[...]
El arte de los medios técnicos, el arte asistido por los dispositivos informáticos conforma el núcleo de la experiencia mediática. Esta experiencia mediática se convirtió en norma de toda experiencia estética. En el arte ya no existe por tanto nada más allá de los medios. Nadie puede escaparse de los media. Ya no existe pintura fuera y más allá de los media. No existe escultura fuera y más allá de la experiencia medial. No existe ya fotografía fuera y más allá de la experiencia digital.
[...]
El código secreto de todas estas formas artísticas es el código binario del ordenador y la estética secreta consiste en reglas algorítmicas y programas informáticos. Por todo ello debe definirse esta situación de la actual práctica artística como condición postmedia, porque ya no es solamente un medio aislado el que domina, sino que los medios interactúan y se condicionan mutuamente. El caudal de todos los medios forma un medio universal que se comprende a sí mismo. Este es el estado postmedia del mundo de los medios en la praxis artística de hoy.

Peter Weibel. La condición postmedia

lunes, 9 de mayo de 2011

Media, New Media, Postmedia

El pasado mes de diciembre Domenico Quaranta publicó Media, New Media, Postmedia, su particular intento de esclarecer un término tan repetido como impreciso: new media art.

Apenas unas semanas antes había publicado un interesante abstract -traducido al inglés, a diferencia del libro-, del que a continuación cito algunos párrafos, destacando (en negrita) y comentando las ideas principales:

New Media Art is more or less absent in the contemporary art market, as well as in mainstream art magazines; and recent accounts on contemporary art history completely forgot it.

... there isn’t a shared definition of this term: there is no agreement on the nature of New Media Art (discussed sometimes as a genre, sometimes as an art movement, sometimes as a ghetto); there is no agreement on its positioning in time (some critics discuss it as a phenomenon of the Nineties, others go back until the Sixties or even earlier); there is no agreement on the media involved (“new media” as digital media or “new media” as everything that as been, along the Twentieth century, a new medium for art, from photography to biotechnologies?)

Dos hechos evidentes: por una lado, la escasa presencia del new media art en las principales instituciones artísticas y circuitos comerciales; por otro, la dificultad de concretar el significado de una etiqueta que ha sido utilizada indiscriminadamente hasta terminar por dar cabida a cualquier obra producida para, por, a través o cerca de un aparato electrónico.

The thesis discussed in the rest of this chapter is that, beyond the medium-based definition that everybody seems to agree with, there is something else that nobody dares to mention, because it will destroy any theoretical construction about the pretended “difference” between New Media Art and contemporary art. Relying on the theory of the “art worlds” introduced by Howard S. Becker in 1982, I show that the term New Media Art is not used to describe a practice, but the art cultivated by a particular community, or better by a whole art world that can be considered completely indipendent from the mainstream art world.

"El término new media art no se usa para describir una práctica, sino para referirse al arte cultivado por una comunidad particular, o más bien, por la totalidad de un mundo artístico que puede ser considerado enteramente independiente del mundo artístico dominante".

Es fácil detectar esta clase de fracturas y escisiones arbitrarias en los espacios gestionados por la institución-arte. En este tipo de escenarios, en los grandes centros y eventos culturales, la visibilidad depende mucho más de la pertenencia a un sector profesional endogámico que de la naturaleza del trabajo que uno realice. Es el contexto museístico, con su lógica de inclusión-exclusión, el que "convierte", mediante un sencillo gesto de aceptación, lo que hasta ayer era marketing en alta cultura. Cuando no se recibe la bendición institucional, por tanto, formular propuestas de interés supone establecer una suerte de realidades paralelas, comunidades y espacios de creación desvinculados del sistema dominante.

...the way New Media Art promoted itself on the platform of contemporary art from the mid Nineties until today. I suggest that this attempt to be accepted in the canon of “mainstream contemporary art” can be interpreted as an embarrassing, never-ending seduction dance, where New Media Art was never able to seduce her partner because she was wearing the wrong clothes. Considering prominent examples of exhibitions such as Mediascape (Guggenheim Museum, New York 1996), Documenta X (Kassel 1997), Net_Condition (ZKM, Karlsruhe 1999), 010101: Art in Technological Times (SFMoma, 2001), I show how New Media Art curators tried, over and over again, to impose to the contemporary art world the same system of values that makes art interesting for the New Media Art world, thus failing in getting its attention.
Por otro lado, los intentos de adaptar un nuevo contenido a un viejo continente suelen desembocar en el fracaso. Brea supo ver un precedente claro de este hecho en la irrupción de la fotografía como técnica artística:  el verdadero ingreso de pleno derecho del campo fotográfico en el dominio del arte contemporáneo se produce cuando esta fuerza desestabilizadora y deconstructiva es explotada. No, por tanto, cuando la fotografía reproduce los tics de la pintura -cuando intenta adquirir “aura”. Sino, más bien al contrario, cuando pone en juego su propio potencial diferenciado, cuando desarrolla su propio lenguaje a partir de la exploración de su propia y específica virtualidad técnica. No hay nada más cursi y fallido que las pretensiones de la fotografía artística. Sólo cuando la fotografía explota su potencial antiartístico comienza a escribir páginas que merecen dignamente considerarse en la historia del arte contemporáneo. Y ello por una razón evidente. Esa historia del arte contemporáneo no es otra que la del cuestionamiento de su propia tradición.

Si algo han demostrado las exposiciones que Quaranta cita es la imposibilidad de conciliar los espacios expositivos convencionales con buena parte de las prácticas new media. Baste recordar la escasa repercusión de un proyecto tan eficaz como el que Cornelia Sollfrank presentó en 1997 al programa EXTENSION, mediante el que el Hamburger Kunsthall pretendía acercarse al net art. Según sus propias palabras, al igual que con la introducción del net art en la Documenta X, los artistas estábamos muy desorientados y no sabíamos cómo lidiar con la estupidez e incomprensibilidad de las condiciones [de participación en el certamen]. Su trabajo puso de relieve la incoherencia de la convocatoria y las fisuras en un discurso que pretendía domesticar un lenguaje ajeno a la lógica institucional. Su éxito fue su fracaso, su habilidad para manipular el sistema artístico sin plegarse a sus condiciones le impidió recibir su atención.
The last chapter of the book attempts to give an answer to two fundamental questions. If many artists formerly known as new media artists are increasingly migrating to the contemporary art world, what will happen to the New Media Art world? Does it have to renovate or die? And what, on the other side, can contemporary art critics and curators do in order to facilitate the integration of these artists and artworks in the art world and to reach a better understanding of them?

My answer to the first question is that the New Media art world should turn its frustrating complex of inferiority into a virtue: that is, to act as an incubator for art forms that wouldn’t be accepted at a first stage by the mainstream art world.
¿Por qué buscar entonces otro camino? El new media art (entendiendo la etiqueta no tanto como un "género" artístico sino como una esfera de creación y debate en torno a determinados modos de investigación / producción) debe asumir y sacar partido de su autonomía, de su distanciamiento, de su fructífera heterodoxia. Sus únicas obligaciones son mantener esta autonomía también frente a la publicidad y no caer en el error de producir sus propios dogmas. Su interés reside, precisamente, en su capacidad para cuestionar la naturaleza, los límites y las condiciones de producción y distribución del arte.