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domingo, 11 de marzo de 2012

Fiambrera obrera

La traducción y el prólogo del libro del que hablábamos el pasado jueves están firmados por Jordi Claramonte, integrante de la Fiambrera Obrera, un proyecto al que merece la pena acercarse:

¿Cómo comenzó Fiambrera Obrera?
Cuando tres insumisos de Valencia, hartos del tipo de organización convencional dentro de la izquierda autónoma y libertaria, comenzamos a hacer acciones a medio camino entre la gamberrada y la intervención. Luego nos dimos cuenta de que esto entroncaba con una tradición de performance, de intervención y de happening. Desde entonces intentamos hilar más fino para que las acciones no sólo fueran efectivas desde un punto de vista mediático sino que, además, tuvieran más trama y densidad.
En esas estábamos cuando nos echaron del piso donde vivíamos en Valencia, un piso muy baratito, porque el barrio empezó a cambiar de catadura. Empezaron a abrir galerías de arte, abrieron el IVAM, subieron los precios y tuvimos que salir por patas de Valencia. Estábamos en algo así como la vanguardia política y sin darnos cuenta nos habían cogido por la retaguardia y nos habían jodido vivos.
Este origen mítico nos sirvió para darnos cuenta en nuestras carnes de que había que empezar por el principio, es decir, por el sitio donde estás viviendo, por que no te quiten la casa donde vives. Desde entonces, Fiam-brera siempre ha estado muy implicada en la lucha contra la especulación inmobiliaria de colectivos vecinales y okupaciones. No íbamos a andar por nuestra cuenta haciendo cosas ingeniosas y ocurrentes, sino a intentar que siempre sucediesen en el interior de redes sociales y políticas. La concepción misma de nuestro trabajo era inexplicable fuera de esta inserción. Estas mismas redes sociales y políticas constituían nuestros canales de distribución. Solamente si después de esta distribución quedaba material, llegaba a otros circuitos, entre ellos, los del mundo del arte.

... Sigue leyendo Fiambrera obrera: instrucciones de uso. O empieza por una entrevista con el propio Claramonte:



* La negrita del texto es mía, por aquello de subrayar la contribución del sector artístico.

martes, 24 de mayo de 2011

Beggar robot

David Harvey afirmaba que, cuando se estetiza a los pobres, la misma pobreza se nos sale del campo de nuestra visión social. Y es cierto, la ubicuidad de la miseria en tanto que objeto estético ha conseguido sustituir el sufrimiento por su representación, convirtiendo una realidad dramática en un producto cultural especialmente adecuado para lavar conciencias.

El proyecto Beggar robot, de Saso Sedlacek, invierte este proceso. Se trata de un "robot mendigo", construido para pedir limosna en espacios públicos y fabricado con partes recicladas de ordenadores abandonados en basureros electrónicos de todo el mundo. Su código es totalmente abierto: funciona con Linux y su autor pone a disposición de todos los interesados la documentación necesaria para su construcción.



Beggar robot orbita simbólicamente en torno a la exclusión y la pobreza. Se trata de una obra concebida y producida sin más recursos que una amalgama de materiales de desecho, a modo de residuos del progreso tecnológico; una invitación al do it yourself que, lejos de ser una opción o una moda, constituye el día a día de la mendicidad.

Pero lo realmente curioso es lo que ocurre cuando el robot se instala en la vía pública y comienza a solicitar donaciones para los necesitados. En apenas unos minutos, su presencia da lugar a un auténtico espectáculo que conlleva risas, fotografías y generosas aportaciones. Entonces, cuando parece que asistimos, una vez más, a la estetización banal de la pobreza, ocurre que ésta regresa al campo de nuestra visión social, que volvemos a tener presente la mendicidad a raíz su deliberada omisión. Porque en esta ocasión la representación renuncia a la verosimilitud, esto es, a la identificación, obligándonos a preguntarnos por el destino de las donaciones, por los mendigos "reales", que están ahí, aunque no los veamos, o precisamente porque no los vemos.

La tensión entre una presencia que negamos y una ausencia que asumimos queda en evidencia a partir del minuto 1:30 del vídeo, en el que las donaciones al robot se multiplican mientras un mendigo es completamente ignorado a escasos dos metros de donde todo sucede. La situación se resuelve, no sin sarcasmo, en el momento en que un policía desaloja al hombre antes de fotografiar, entusiasmado, al autómata.

Y es que el aspecto lúdico de la relación de los transeúntes con la máquina no puede ser más mordaz: es la representación, no la realidad, la que disfruta de credibilidad, simpatía y atención. Basta enfatizar la lógica de exclusión que nos gobierna para comprender gran parte de las implicaciones de la obra.

domingo, 6 de febrero de 2011

Subvertir la subversión

Johannes Grenzfurthner es uno de los fundadores de Monochrom, un colectivo vienés que desarrolla su actividad entre el arte, la tecnología y la filosofía, practicando lo que ellos mismos denominan context hacking (ver guerrilla de la comunicación).

En esta hilarante TEDx Talk, Grenzfurthner relata la historia de Georg Paul Thomann, artista "ficticio" que representó a Austria en la Bienal de Sao Paulo de 2002, donde tuvo ocasión de inmiscuirse en un conflicto entre las autoridades chinas y la representación taiwanesa en el evento.

Todo muy en la línea de lo que, poco antes, 0100101110101101.org había hecho con Darko Maver.



Por cierto, merece (mucho) la pena echar un vistazo al archivo de vídeo de The Influencers, un festival que aborda las posibilidades de la "comunicación no convencional", esto es, de intervenciones como la que nos ocupa. Faltan poco más de dos meses para su séptima edición, que tendrá lugar entre el 14 y el 16 del próximo mes de abril el CCCB.

lunes, 24 de enero de 2011

La educación expandida

A veces te encuentras proyectos como este, de ZEMOS98 y Platoniq, y te preguntas cómo es posible que los grandes medios e instituciones planteen el debate cultural en torno a cuestiones como los modelos de negocio o la propaganda comercial.

Cuando hablar de cultura parece reducirse a barnizar de intelectualidad las miserias del mercado, es bueno recordar lo que se puede hacer trabajando desde la honestidad y al margen del espectáculo.


Pienso en el arte "político" o "socialmente comprometido" y en cómo se exhibe, inmaculado, en los grandes centros de arte contemporáneo. Está tan lejos de la realidad que parece de otro planeta.

Por suerte, me viene a la mente un post memorable de Hernán Casciari. Sonrío. Definitivamente, la nuestra es la era de la utopía limitada.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Redefiniendo la explotación, el ocio y el consumo en el escenario digital

From Mobile Playgrounds to Sweatshop City es la séptima de las publicaciones correspondientes al ciclo Situated Technologies, un proyecto del Center for Virtual Architecture, el Institute for Distributed Creativity (iDC), y la Architectural League of New York. Los autores de esta entrega, Trebor Scholz y Laura Y. Liu, abordan una serie de cuestiones relacionadas con los profundos cambios socioeconómicos derivados de la revolución tecnológica de las últimas décadas.

El punto de partida es una pregunta envenenada: ¿cómo afecta a nuestra comprensión de la explotación el hecho de que el trabajo y el juego se entremezclen? En el escenario digital, muchas de las actividades que consideramos mero entretenimiento generan un valor económico ampliamente rentabilizado por empresas que nos brindan servicios teóricamente gratuitos. Pensemos en redes sociales, buscadores, juegos o servicios de blogging y en cómo los pagamos facilitando nuestra información personal, consumiendo publicidad, arrojando datos sobre nuestras aficiones y costumbres o incluso produciendo contenidos por los que no recibimos remuneración alguna... Todo ello sin que la mayoría de usuarios de estos servicios sea consciente de estar colaborando con un lucrativo negocio.

Puede parecer que hablamos de un modelo de colaboración pasiva, pero cada vez más compañías son capaces de convencer a un ingente número de personas para colaborar de manera voluntaria en sus proyectos (hablamos de externalización masiva o crowdsourcing), sin que exista compensación económica alguna o a cambio de una retribución verdaderamente miserable. Es el caso de Mechanical Turk, una plataforma creada por Amazon en 2005 que permite gestionar la "utilización" de voluntarios online para llevar a cabo tareas mecánicas que un ordenador no podría ejecutar, tales como identificar los objetos que aparecen en una fotografía o escribir descripciones breves de productos. Aquellos que deciden participar en este programa perciben cuantías ridículas por su trabajo (un par de céntimos por fotografía procesada, algunos dólares por traducciones de textos o vídeos...)

La pregunta es: ¿podemos hablar de explotación? Muchos lo niegan argumentando que en la realización de este tipo de trabajos prima un componente lúdico, pero hay muchas razones para pensar que no es así. Escoger la palabra adecuada para describir estas prácticas no es una cuestión menor (pensemos en cómo han conseguido que pensemos en "inteligencia colectiva" cuando nos hablan de "servilismo masivo"); Scholz apuesta por "micro-explotación" o "expropiación", mientras Liu defiende con rotundidad el término explotación. Lo que resulta obvio es que ciertas compañías evitan lidiar con la legislación laboral al tiempo que reducen costes y aligeran plantillas cuando abogan por soluciones como ésta. Además, con frecuencia lo peor no es la intención de la empresa en cuestión sino el fanatismo de los usuarios: es incomprensible que una empresa como Facebook se beneficie de la colaboración altruista miles de usuarios de todo el mundo para llevar a cabo tareas como la traducción de su web... Parece que el mercado ha conseguido domesticar y subvertir la filosofía open source.

Paralelamente, podemos hablar de una segunda vertiente de este tipo de expropiación / explotación: la facilidad con que nuestra privacidad es vulnerada por las grandes multinacionales y el Estado. Facilitamos continuamente información personal de manera voluntaria o involuntaria, y cada día surgen más formas de detectar y procesar esta información con arreglo a fines que desconocemos. Aunque Wikileaks haya demostrado la capacidad de la red para hacer visible la trastienda del poder, no debemos olvidar que explora un camino de ida y vuelta: es imposible negar el enorme interés depositado por muchos gobiernos en los mecanismos y herramientas de vigilancia de la ciudadanía; seguimos expuestos a un paulatino aumento de los dispositivos de control por parte del mercado y el Estado. 

En este contexto, la acción política se antoja imprescindible para solicitar una mayor capacidad de decisión sobre el modo en que ha de ser recogida y gestionada nuestra propia información... Pero ésta no termina de concretarse y asistimos, desde la pasividad, al progresivo expolio de nuestras libertades y derechos. Puede que, como Sholz afirma, confiemos ingenuamente en el boicot comercial como forma de protesta, ignorando que refrenda el hecho de que estamos siendo desposeídos de nuestra condición de ciudadanos en favor de la de consumidores. Su modo de referirse a estas rimbombantes e inocuas acciones de pseudo-resistencia es elocuente: Espectáculos de Democracia en Internet, una suerte de procesos de "negociación" en los que los usuarios "exigen" ciertos cambios, parcialmente satisfechos por empresas que, sin embargo, terminan por encontrar la forma de imponer sus condiciones o satisfacer sus intereses a medio plazo.

Extraigo algunos fragmentos del texto que dan pie a reflexionar:

    - The corporate Social Web molds us in its image. We are being worked on, sculpted over time. We are becoming the brand. We are not just on the Social Web but we are becoming it. 
    - The act of consuming media represents a form of unwaged labor that audiences performed on behalf of advertisers. 
    - One difference to traditional forms of labor is that we are now exposed to real-time, always-on data collection and analysis. We are all real-timers now. We are feeding our data to commercial enterprises and the government. [...] Fusion Centers were first established in the fall of 2001 to fight terrorism and detect the activities of foreign spies. But in reality, these Fusion Centers uncomfortably match private and public interests. [...] Since 2004, the US government started over two hundred data mining programs, more than thirty-five of which are capable of linking the harvested data to specific individuals. 
    - The double edge between usefulness and violation that you talk about invokes the now familiar post-9/11 policy trade-off: have public safety or have your civil liberties, but do not expect both. And yet, for many poor, working class, immigrant communities of color, there was never a trade to make. 
    - In 1998, Microsoft had to face anti-trust charges when it bundled its Internet Explorer browser without extra charge with every copy of its Windows operating system, which had a 90% market share at the time. Today, Facebook can force opt-in defaults on its 500 million users and get away with it. 
    - It is important to first dispel the myth of the digital native: people born after 1980, generations that grew up enmeshed in digital technologies. Their familiarity doesn’t mean that they are fluent when it comes to the ways that their privacy is invaded or economic value is extracted from them.
    - These Spectacles of Internet Democracy could also be interpreted as nothing but a constant built-in product feedback loop. One thing is clear; this has nothing to do with deep-rooted social change.

Existe un fértil ámbito de acción en torno a estas cuestiones en la intersección de arte y ciencia, donde se fraguan propuestas que tienden cada vez más a adoptar una naturaleza política (en sentido estricto, lejos de pantomimas partitocráticas). Esto es algo que parece inevitable en un mundo estéticamente hipertrofiado, en el que las nuevas estructuras y procesos creativos emergen como la antítesis de la banalidad imperante a nivel mercantil e institucional.

Concluyo con el vídeo de presentación de Zapped!, un proyecto de Preemptive Media sobre la implementación masiva de la tecnología RFID.


viernes, 8 de octubre de 2010

Una acción contraproducente

Lo he intentado, pero no hablar del ataque DDOS a las webs de la SGAE y el Ministerio de Cultura me ha resultado absolutamente imposible.

Obviemos las cuestiones técnicas, detalladas en el enlace superior o en este otro. El debate se centra en dirimir la legitimidad de la acción y en saber si este tipo de ciberprotestas son la opción más adecuada para que los ciudadanos manifiesten su disconformidad con la actuación de diferentes organizaciones públicas o privadas.

Son muchos quienes defienden la conveniencia de estas prácticas, empezando por Enrique Dans, referencia en estas lides. Mi opinión, sin embargo, es que el análisis de Antonio Ortiz es mucho más interesante, y tristemente más certero: este tipo de ataques beneficia, única y exclusivamente, a aquellos grupos y lobbies que presionan para introducir legislaciones restrictivas en el ciberespacio, esto es, para controlar Internet en el sentido más amplio -y temible- de la expresión.

Mucho ruido y pocas nueces, pues. Seamos sinceros, se ha generado una expectación mediática desproporcionada, para nada acorde con el alcance de una acción que no menoscabará las ambiciones de la SGAE, que no aumentará su descrédito y que no evitará que se siga avanzando en la aprobación de medidas que socavarán la libertad y la neutralidad de la red.

Lawrence Lessig, "padre" de Creative Commons, comprendió esto con claridad en su célebre El código 2.0, en el que ya alertaba sobre el interés del poder público y privado en disponer de argumentos para aprobar una regulación severa de la red y, en consecuencia, cercenar la libertad de expresión y el derecho a la privacidad.

Mitificar la capacidad de la red para generar actitudes de oposición a los designios de los grandes poderes es, a largo plazo, contraproducente. Llevamos años amaneciendo con titulares acerca del hackeo webs de servicios de inteligencia y gobiernos de todo el mundo. En muchas ocasiones, se atribuye la autoría de estas acciones a jóvenes que actúan de manera aislada; es entonces cuando nuestro amor por la épica sale a relucir, y creemos vislumbrar los poderes salvíficos de Internet al otro lado de estas hazañas. No obstante, la vieja concepción de Critical Art Ensemble de la desobediencia civil electrónica sigue pareciendo más lúcida; y las acciones que tienen más repercusión a nivel mediático que a nivel estructural siguen siendo, en gran medida, humo.

No quiero que ser malinterpretado. Es extraordinariamente importante que exista un espacio público como tal, un escenario de debate, de disensión, de actuación; es fundamental la intervención ciudadana, independientemente de su signo, y apostar por generar una cultura y unas estructuras verdaderamente democráticas, en las que la defensa de la libertad de expresión y la oposición a los intereses de aquellos que pretendan transgredirlas sean prioritarias. Internet es un escenario privilegiado para construir este escenario, como lo es para favorecer el acceso a los procomunes, pero es importante acertar con la tecla, saber en qué dirección apuntar para no convertir buenas intenciones en acciones contraproducentes y destructivas. Canalizando adecuadamente la ingente cantidad de creatividad que circula por la red, (casi) todo es posible. Hay muchas otras formas de hacer las cosas.